UN VIAJE CUALQUIERA
VIAJE
Setecientos ochenta kilómetros hay entre Vitoria y Cartagena, que si miras en el mapa está en la otra punta del país. Acabo de hacerlos, conduciendo mi coche, con el único objetivo de probar un autobús.
De las treinta y dos horas que he invertido en el viaje, solo he usado dos para su propósito.
Tiempo para pensar me ha sobrado; qué solo se siente uno conduciendo, mientras a pocos metros de ti, hay otros conductores que te adelantan o te persiguen como si quisieran ser los primeros en llegar. Intento ir tranquilo y observando los lugares.
Los aerogeneradores han invadido las llanuras de la Mancha, desde una zona se pueden ver más de cien dando vueltas al ritmo irregular que les permite el viento. ¿Qué diría Don Quijote de las aspas de estos? Si los molinos de su aventura le parecían gigantes con brazos de dos leguas, estos serían tan altos como la Luna.
Son enormes moles, que aunque no contaminan el aire, interrumpen el paisaje con indiferencia, parecen los amos del lugar y están bien considerados por la finalidad de su existencia: la producción de energía limpia.
Aun así, los prefiero a las granjas tan enormes de placas solares, al menos bajo los molinos todavía quedan algunas plantaciones de cereales, tan típicas de estas llanuras; bajo las captadoras de sol solo hay un terreno yermo.
La energía es tan necesaria que estamos dispuestos a lo que sea para obtenerla, todos los métodos de transformación de esta, tienen efectos secundarios, habrá que convivir con ellos.
Por eso me niego a sentirme culpable por que mi coche sea de gasolina y no eléctrico, la ecología es cara y actualmente solo los ricos pueden comprar los de baterías, y además tampoco son tan limpios, si tienes en cuenta el ciclo completo de su producción, la energía que se utiliza para su fabricación, la vida de las baterías y los materiales raros que se utilizan.
Por la mañana estoy en mi destino, ha llovido, todo parece muy limpio. Es un mito que estoy dispuesto a desmentir, si aquí en el norte se ven las calles y los parques tan limpios, es por el clima que tienen, llueve tanto que no hay polvo, y el agua que cae del cielo es limpia, no como en el sur que viene acompañada de partículas del desierto africano.
Me quedan ochocientos kilómetros para llegar a casa, me pongo en marcha, pero ya más tranquilo, tengo todo el día y no hay prisa.