Entre Molinos, Vigo
Estaba con “mi cristina” en el sofá viendo la tele, cuando en las noticias, el alcalde de Vigo presentaba la extraordinaria iluminación de su ciudad. Un millón de bombillas, y no es exagerado.
- Qué bonita estará la ciudad, podríamos ir a verla en tus vacaciones.
Parecía un comentario inocente pero al que Cristina se agarró firmemente convirtiéndolo en promesa confirmada.
De pronto estaba haciendo reservas de hoteles y organizando el viaje. Mil setenta y seis kilómetros nos separan.
Nos lo tomamos con calma, la primera parada pasado Albacete en el área de servicio el molino.
Primera foto, de las más de seiscientas que ha hecho. ¿La ultima? otra vez en el molino ya de regreso, así que, el titulo del viaje podría ser: “Las luces de Vigo, entre molinos”.
Comienzo en Salamanca, visita de la plaza mayor y búsqueda de la “puñetera rana” de la fachada de la universidad. Misión cumplida. Disfrutamos también del ambiente universitario de la ciudad, seguramente nos cruzamos con Miguel de Unamuno o Calderón de la Barca por el centro.
Continuamos el viaje al día siguiente, próxima parada para descansar en Puebla de Sanabria, ¡menuda sorpresa! Un pueblo medieval con su castillo perfectamente conservado. Ración de cecina de león para tomar fuerzas, probablemente la mejor del mundo. Siempre me pregunté donde criaban los leones para hacer la cecina, ahora ya lo sé, es de vaca o caballo.
Ya nos esperan en el hotel Padre Cruz de Valença, Portugal. Dejamos las maletas y apuntamos al objetivo final del viaje: las luces de Vigo.
Tengo que decir que probablemente había más personas que bombillas para ver unas cuantas luces que se encienden y apagan al ritmo de los villancicos, y que lo que se supone que es un árbol de navidad, es una estructura metálica enorme en forma de cono plagada de luces. Ningún árbol por aquí. Eso si entre empujón y empujón ambiente navideño.
Casi sin querer hacemos la ruta del albariño por la zona portuguesa ya en dirección al sur. Sesenta y cinco céntimos un café solo en el país vecino.
Próximo destino Arévalo pasando por Benavente “la ciudad de los espejos”, ¿Qué le dice la espeja al espejo? Ven a vente… jaja.
Ávila sí que es una ciudad medieval, aún conserva todas sus murallas y cuando las atraviesas es como viajar en el tiempo. A nuestros vecinos de mesa en el restaurante, les han servido un plato que no estaba bueno y ¿como no? la culpa es del novio por haber elegido ese sitio.
Ultimo día, visitas a los castillos, el de mota en Medina del Campo y el de Belmonte en la Mancha.
Y nuestro premio por un viaje tan atrevido y diverso es una comida en el restaurante el almirez de Quintanar de la orden, hasta la última parada otra vez en el molino.
Y si lo has leído todo, gracias. Es porque me quieres.