Mar Menor frente a Mar Mayor

Mar Menor frente al Mar Mayor
-Papá Papá ¿a qué playa vamos hoy?
Mi padre salía a la calle y observaba la dirección del viento.
-Hoy vamos a Los Nietos.
Con la experiencia de toda una vida trabajando como conductor y con ese único dato, sabía a ciencia cierta, en qué sitio del Mar Menor habría menos oleaje.
Mientras mi madre ya tenía la tortilla de patatas, las viandas y la nevera preparada en cantidad suficiente para pasar un día completo.
Ahora que ya tengo cierta edad, intento utilizar la sabiduría de mi padre, pero nunca acierto, de manera que utilizo el sistema de prueba y error que aprendí de un amigo informático: voy a una playa y si el oleaje no está a mi gusto voy a otra, hasta dar con la buena.
Y es que, queridos amigos, es todo un privilegio vivir en el Levante Ibérico, junto al Mar Menor, donde disponemos de dos mares, el mayor y el menor.
Los murcianos somos de una lógica aplastante a la hora de nombrar las cosas. El Mar Menor porque es más pequeño y Mar Mayor porque es más grande, entonces ¿cómo llamaríamos al Océano Atlántico? Pues ya te lo digo yo, Mar Enorme.
Aquí las mareas son mínimas y la tranquilidad que se tiene junto a la playa es única en el mundo, recuerdo aquel viaje que hice a Santander y como los bañistas iban corriendo la toalla al ritmo de la marea, hasta llegar al muro que separa la arena de la carretera, la primera vez que contemplas ese movimiento te parece que sigue un protocolo bien establecido y te sorprende mucho.
En las playas del Mar Menor, y solo en pleno verano, si cambias la toalla de sitio es por cortesía hacia otros bañistas para dejarles un espacio de alojamiento, como el que se apretuja un poco en el autobús para que suban mas persona en una parada.
Porque, eso sí, que quede claro, la playa es de dominio público y todas las personas tienen derecho a su uso y disfrute. Una norma que todos los ciudadanos aplaudimos con entusiasmo. Es una zona que tenemos que compartir como los parques de las ciudades o las carreteras y que hacemos con naturalidad.
El respeto con el que se vive a pie de playa solo se experimenta cuando perteneces a alguna comunidad bien definida, igual que los campistas o los moteros, que comparten lo que tienen con sus vecinos, como si fueran de la misma familia y sin ningún compromiso.
Junto al agua se mezclan todo tipo de usuarios, los críos jugando, los que toman el sol, las madres preparando bocadillos y algún aficionado a la pesca intentando hacerse con algún pescado. La salinidad superior del agua del Mar Menor acentúa el sabor de los peces que se crían aquí.
Mis amigos, Perico y Pencho, “los pescateros”, conocen muy bien la fauna marina de este pequeño mar, a menudo me cuentan sus batallitas en la lonja de San Pedro del Pinatar. Mientras tomamos unas “servesicas” hablamos de cómo hacer un buen caldero, típico de Cabo de Palos, o como hornear unas doradas a la sal, calculando el tiempo de cocción según su peso para que queden en su punto, saben mucho de eso, incluso un día pudimos degustar los tan apreciados langostinos de la zona, los compraron cuando aún estaban vivos y nos los prepararon en el bar del “Nico”, un manjar que os recomiendo al menos una vez en la vida, ya que su precio es bastante alto, desde aquí les doy las gracias.
Hay ciertas cosas que parecen disfrutar sólo unos pocos ricos, pero las playas y la gastronomía que nos ofrece el entorno de la manga, barrera divisora de los dos mares, están al alcance de cualquiera, turistas y viajeros de todo tipo serán bienvenidos, yo les recomiendo un baño nocturno en la playa de las salinas donde pueden ver el haz de luz que escupe el faro de cabo de palos. Es una experiencia única.
Parece que escribir también es cosa de unos pocos. Pues, aunque yo no soy escritor, ni tengo un máster en literatura, me atrevo a escribir «relaticos» para que los lean mis amigos, recordando a la profesora de lengua, que en octavo de e.g.b. siempre nos animaba a leer mucho con el convencimiento de que para escribir antes tienes que leer, en mi caso me ha costado cincuenta años atreverme.
Por : “Pedrin”